María Moreno
Se podría recurrir a aquello del estado de gracia, ese momento en el que todo es favorable y las cosas parecen salir bien de forma natural. Trasladada esa idea al arte, se concretaría en el instante en que observas que una artista, como la que nos ocupa, parece ser capaz de dar todo lo que lleva dentro y luciendo, además, su mejor versión.
Obviamente, se hace necesaria una explicación: la bailaora gaditana María Moreno no es una desconocida y ha llegado a esta cita después de que sus dos obras anteriores en solitario recibieran sendos reconocimientos en Jerez y aquí, en Sevilla, donde obtuvo el premio Giraldillo Revelación en la pasada edición de la Bienal de Flamenco. Su proyección es, pues, más que conocida, y el estreno de su nuevo trabajo la ha venido a confirmar de una forma que sorprende de apoteósica: que el personal salga en un estado tan enfervorecido de un espectáculo solo se explica por un excepcional episodio de transmisión o de enamoramiento. La artista había trasladado tal intensidad a su audiencia que esta terminó llevándosela a la calle.

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