Kiki Morente y Pepe Habichuela
Nada más abrir el ojo este sábado en un hotel de Pamplona, Kiki Morente tuvo que resolver un interrogante inaudito para un artista de su gremio. ¿Qué debería desayunar un cantaor para enfrentarse a su público a la nada flamenca hora de las doce del mediodía? "No sabía bien si tirar por la fruta o el tequila”, se nos carcajea el menor de los tres herederos del inconmensurable Enrique Morente. Al final se impuso la prudencia: zumo y tostada. Y funcionó. Su cante inaugural desde la baranda del ayuntamiento, acompañado por la guitarra docta de Pepe Habichuela, se elevó cual chupinazo flamenco. Aunque las multitudes de las grandes ocasiones quedaron esta vez reducidas, dadas las pandémicas circunstancias, a un centenar de agraciados.

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