Fachada del tablao Villa Rosa
El flamenco madrileño lloró de amargura en febrero del año pasado, cuando los dueños del tablao Villa Rosa, el más antiguo de la ciudad (y del mundo, dicen algunos), confesaron que no podían más con la pandemia y cerraron sus puertas «definitivamente». El adiós a este templo jondo fue especialmente duro porque no fue el único (también cayeron Casa Patas, Chinitas...), pero afortunadamente, la dueña de otro local flamenco, Cardamomo, empezó a trabajar en la sombra para devolverle la vida. Los amantes del género lo saben desde hace unos días, pero ha sido ahora cuando la noticia ha trascendido y ha empezado a circular por toda la capital: Villa Rosa reabre sus puertas.
Esta nueva etapa, que pretende llevar a lo más alto la difusión del flamenco, arranca de la mano de un embajador de excepción, el bailaor Antonio Canales.
El maestro, Premio Nacional de Danza y Medalla de Oro de las Bellas Artes, es una de las estrellas que han pisado el escenario de Villa Rosa, uno de tantos amantes del flamenco que desean con todas sus fuerzas que el tablao recobre su máximo esplendor.

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