Rocío Molina y Rafael Riqueni
Pocas artistas tienen su osadía: en el mismo espacio, donde hace dos ediciones de esta cita sevillana ofreció cuatro horas de improvisación, la bailaora malagueña Rocío Molina ha presentado —dos sesiones en un solo día— un extracto de lo que será su ambiciosa Trilogía de la guitarra, un estudio de danza con fondo de sonantas, que se presume muy meditado y trabajado y que la artista hace corresponder con su personal estado anímico y creativo tras la todavía cercana maternidad. Molina ha hablado de pausa y de búsqueda de naturalidad para, de esa forma, aspirar a una mayor profundización expresiva. Nada nuevo en Rocío, siempre en incesante búsqueda, aunque, en esta ocasión, la propia naturaleza del proyecto acabe por determinar su expresión.

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